Marzo, 2003 EDICION DEDICADA Al PATRIOTISMO Y AL AMOR A NUESTRA TIERRA |
Saludos a todos nuestros fieles lectores. Aquí estoy como dicen, "contra viento y marea" porque debido al trabajo, estrenando computadora y los nuevos programas notaran que la gramática y la ortografía no será la mejor. Así que me hago responsable de los errores y horrores de imprenta que verán en esta edición.
Sin embargo, de la misma manera, Los escritores de la EPE seguimos con la misma dedicación de brindarles a ustedes parte de nuestra cultura, de nuestros pensamientos y de nuestro diario vivir a las personas que al igual que nosotros, vivimos fuera de la patria. Esta edición esta dedicada al amor a nuestra isla y como verán ese amor aun en la distancia no muere, se hace grande y nos hace ser como somos. Que Dios bendiga a nuestra isla Santa y a nuestra gente buena.
Dennis Estrada Editor y de Mayaguez |
NUESTROS DISTINGUIDOS ESCRITORES PARA ESTA EDICION
María T. Matthews César A. Quiñones Santos Penny Banks El Poeta del Puente Dwight Colon Aballarde Miguelo SONIA ALDAMA MUÑOZ Dennis Estrada
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Altar de la Iglesia San Juan Bautista de Maricao durante la Fiestas del Acabe del cafe, Feb 2003 |

El mensaje de Agueybaná ABALLARDE
Una noche de luna llena se encontraba un puertorriqueño en la cima del Yunque. Estaba llorando, temblando de ira y de sufrimiento. Vino a la montaña porque quería estar solo y meditar o quizá quitarse la vida. Para él le daba lo mismo, no estaba seguro de lo que quería en esta vida pero sentía que ya no podía mas con su existencia en esta tierra. Se arrodillo sobre la húmeda hierba, tal vez a rezar pero se le había olvidado como. No lo hacia desde que era un niño. ¿Por qué?... ¿Por qué?...¿Por qué? Se golpeaba su pecho mientras gruesas lagrimas bajaban por su rostro y caían sobre el fresco cohitre. El olor de la tierra húmeda y la magnifica vista que la cima le proporcionaba le recordó cuando de pequeño, en la escuela le habían dicho que el Yunque era la montaña sagrada para los indios Tainos. Tomándose una pausa en su pena, se acordó de ese pequeño detalle y se rió de su propia ignorancia.
De repente los coquíes y los grillos dejaron de cantar. Una nube cubrió momentáneamente la pálida luna y todo se puso oscuro, solo se veían las luces de la ciudad en la distancia. Cuando la nube partió, nuestro hombre puertorriqueño se encontró frente a frente a un anciano de aspecto indígena, desnudo y con el cuerpo pintado en colores de rojo y negro. Un disco dorado le colgaba en el pecho y sus ojos tristes lo miraban con profunda pena. Asustado, el hombre trato de levantarse para irse y entonces el anciano le dijo en una tranquila voz que lo hizo detenerse, -No te vayas... soy Agueybaná y vengo a ayudarte.
Recobrando el aliento, se dio la vuelta y se le acerco al anciano. Mirándolo a los ojos descubrió que lo que el anciano decía era verdad. No pudiendo sostener mas la emoción que lo embargaba, se arrojo al suelo frente al anciano y comenzó a lamentarse, -Agüeybaná... ¡no sé que me ocurre! Esta apatía que corroe mi cuerpo me tomó de sorpresa, tomo control de todo mi cuerpo hasta el punto que tengo ojos y no veo, tengo oídos y no puedo escuchar. Discutiendo con mi mujer, la llame una perra... discutí con mis hermanos puertorriqueños y les dije cosas que no se merecían. Ya no me importa nada, solo el dinero y mis posesiones. Estoy perdido hermano Agüeybaná. ¡Ayúdame por favor! No sé que hacer ahora.
Agüeybaná profundamente conmovido, se acuclilla frente al hombre y con una débil sonrisa le contesta, - Todo te lo podría resumir en una sola frase hermanito mío y es que hemos pedido el amor...
El hombre, profundamente intrigado, se limpia la cara de las lagrimas y le contesta, -Agüeybaná no entiendo, no entiendo esta mierda...
Agüeybaná se levanta del suelo y mirando hacia las luces de la ciudad dice, -Lo que estoy tratando de hacerte ver mi hermano es esto... ¿Por que nos estamos matando los unos a los otros? Mira nuestros niños. ¿Que tipo de futuro les espera? Mira nuestra tierra, mira como la mancillamos...
Ya es tiempo de erguirnos, levantarnos de este fango emocional y hacer que nuestra raza puertorriqueña tome su lugar en el mundo... El hombre le interrumpió otra vez, -Agüeybaná, no entiendo eso de que hablas...
Agüeybaná, mirando hacia arriba y levantando los brazos hacia el cielo, continuo con su monologo... -Primero que nada no olvides que este mundo le pertenece a Yokahú, a Dios. Cada pulgada cuadrada de este planeta le pertenece al igual que nosotros por igual le pertenecemos Segundo, detrás de cada hombre fuerte encontraras una mujer fuerte y de la misma manera detrás de cada mujer fuerte se encontrara un hombre fuerte. ¿Acaso no te das cuenta que todas las cosas en el universo están divididas en dos partes? Hombre y mujer, sol y luna, noche y día, frió y calor. Si el hombre Puertorriqueño cree que va a sobrevivir y prosperar en este mundo sin la mujer puertorriqueña, desde ahora te digo que perdido esta. Numero tres, como sabrás hermanito, tu raza es una raza nueva, es una mezcla, una combinación de pieles y eventos que moldearon nuestra bella isla... El hombre lo interrumpió bruscamente, -Si claro y eso es culpa de los malditos españoles y los americanos... Agüeybaná sonrió... Tal vez, hermanito mío, pero si no hubieran llegado los españoles, hubieran sido los inglese, los holandeses o franceses. La esclavitud es la misma, sea cual sea la cara del tirano y además, estaba escrito en las estrellas de que esto tenia que pasar...
Llenándose los pulmones del fresco sereno de la noche, Agüeybaná continuó, -Ahora es el tiempo de olvidar todo ese pasado y no continuar viviendo en él. Esa historia que ya paso debe ahora usarse para recordarnos en no cometer los mismos errores otra vez. Es ahora el tiempo de unirnos y comenzar de nuevo..... Cambiando la vista hacia las luces en la distancia, Agüeybaná levantando su voz como un trueno, continua... -Levántense puertorriqueños. Llegó la época de la revolución. Mas no la revolución armada que no lleva a ningún sitio, es tiempo de la revolución de la mente, la batalla entre el bien y el mal, entre Dios y el diablo. Saquen la maldad de sus mentes, de sus cuerpos, de sus corazones. Eliminen las armas, los vicios, eliminen todas estas cosas que son la manera del contaminar sus cuerpos, contaminar sus mentes y al final contaminar el alma. Volteándose hacia el hombre Puertorriqueño, bajando la voz lo miro y le dijo -Es mas te voy a decir un secreto... Cuando busques a Dios, no busques hacia arriba. pues arriba el cielo no esta. Tampoco mires al suelo pues el infierno no se encuentra allá abajo. Sin embargo el cielo y el infierno se encuentran aquí mismo. El cielo es como tu haces tu vida y el infierno es tu sufrimiento por vivirla. Recuerda que Dios es amor y se encuentra en todas partes, para encontrarlo, solo tienes que llamarlo. ¿Que sencillo verdad?
Tanto que decían que nosotros los Tainos éramos tan incivilizados que eramos peor que bestias. Sin embargo fuimos el principio de esta humanidad puertorriqueña y por eso te vengo a ayudar. Date cuenta que nuestra gente se divide en tres grupos El grupo mayor de los ignorantes... a los que nada les importa, los que dejan esclavizar sus mentes fácilmente, se dejan llevar por otros, por el dinero y no creen en Dios ni en el amor...
Esta el segundo grupo que es menor que el grupo anterior. Estos son los ricos y mentirosos, les enseñan mentiras a los otros y le hacen creer que Dios es solo un fantasma invisible que no puede verse a menos que sea a través de ellos y les cobran por eso. Al igual que las sanguijuelas, estos se alimentan del dolor, la amargura y el dinero de los otros.
En el ultimo grupo y el mas pequeño están los justos, los que creen en Dios, aman a los otros y a su tierra... Tomando al hombre por las manos, lo hace levantarse del suelo hasta que se encuentra erguido y le dice, -Por eso hermanito, lo que tenemos que hacer para ayudar a nuestra raza es lo que voy a hacer contigo. Toma mi mano y levántate. Sacúdete de todos tus complejos, tus viejas problemas, tus vicios e ignorancia. Por cada paso que tomes, como buen hermano yo daré uno contigo y así juntos caminaremos la senda de la vida. Mientras amemos a Dios y nos ayudemos los unos a los otros, nuestra raza será invencible, eterna... y diciendo estas palabras, Agüeybaná se desvaneció de su vista.
Entonces la mente del hombre puertorriqueño que estaba en tinieblas, vio la luz... vio una gran luz y bajando la montaña sagrada por una senda nueva y diferente, se encamino a un inédito futuro...
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A MI BELLA ISLA CAUTIVA EL Poeta del Puente
Bella isla de poesía de hermosos atardeceres el mayor de mis placeres es poder llamarte mía; eres divina ambrosía, deleite para el viajero que te mira con esmero envidiando a los isleños; quiere tenerte el norteño pero eres mía primero...
Tus bellos atardeceres inspiran el alma mía que te rinde pleitesía por tus preciosas mujeres, esos bellísimos seres que dan gloria a tu belleza donde la naturaleza hizo una obra de arte; no me canso de alabarte isla de honor y grandeza...
Eres tú mi inspiración, bella isla del Caribe, mi corazón se desvive por hacerte una canción donde plasme la emoción que siento por tu hermosura y por la linda figura que forma tu serranía... Puerto Rico, tierra mía desde el llano hasta la altura...
Prenda fina y codiciada por los vecinos norteños que en su afán de ser tus dueños te tienen esclavizada. Mas, tu libertad sagrada será la gesta gloriosa de la mano poderosa del patriota borincano que uniendo espíritu y mano te la dará envuelta en rosas...
Y flotará tu bandera en su asta regia... ¡y sola! como botón de amapola que anuncia la primavera; verás la gloria cimera en tu lengua castellana que cantará en la mañana en homenaje al Creador... Borinquen, edén en flor, tierra libre y soberana...
Y tu estrella brillará como un sol en el Caribe; el poeta que te escribe en versos se tornará y con ellos cubrirá tus valles y tus montañas... Le cantará a las hazañas de tus patriotas excelsos; para tí serán sus versos con el dulce de la caña...
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Estrella... Dwight Colon
Una estrella, una bandera y tres colores un sueño, un terruño y mil canciones. Guerras muertas, libres alvedríos corazones fecundados por los rios. Tres razas y una cultura se abrazan por las venas del boricua se desplazan.
Una luz, una cordillera, playas bellas almas gemelas de galanes y doncellas. Cielo azul, mar de karma, verde pasto y el capitalismo siembra su holocausto. Flores latinas, humildad caribeña jardín caribeño de bohemia isleña.
No me dejes, no te vayas lejos ahora aunque esté lejos de tí eres mi señora. Mujer de mi orgasmo patriota sediento quiero sudarte y regalarte mi aliento. Déjame llevarte dentro de mi maleta bandera bella a la cual se le respeta.
Algo o alguien siempre me recordará que te llevo dentro de esta fría sociedad. El café me sabe a "whiskey" gringo el pitorro se quedó en casa de mingo. Me masturbo el alma buscando el humor del instinto callejero que llevo en el corazón.
Una estrella deja huellas en mi camino es la muerte quien me lleva a su destino. Volveré y me quedaré en el campo santo arropado de raices y tierra oigo su canto. Es la patria que me canta, es la patria que me llora nadie sabe lo que pierde hasta que la nieve lo devora...
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Melancolía (Regreso... para quedarme) Tere Matthews
Flor del alba en mi memoria Triste canción en mi oído Volveré algún día a verte Mi Puerto Rico querido.
Volverán las alegrías Volverá el eco del mar Volverán mis dulces cuerdas Algún día a resonar.
Trovas te quiero cantar Alegres trovas de amor Que vuelvan a resonar Las cuerdas del trovador.
Melancólica y gentil Perdida en el horizonte Fue en plena tarde de abril Cuando escuché aquel sinsonte.
Tu aroma es a pura flor Olores que me recuerdan Las lindas tardes de sol De mi tierra borinqueña.
Confundido el corazón Un himno hacia ti él eleva Puerto Rico de mi amor Eres la tierra más bella.
Siento mi alma en prisión Siento el dolor de no verte Siento que mi corazón Se aflije por no tenerte.
Una plegaria te envío Un gemido, una canción Un dolor enternecido Por ti, mi bella nación.
Dulce pena, cruel tristeza Dejo mi ilusión atrás Esa ilusión que es pureza Mis ojos no la verán.
Hoy vuelvo a ti, hoy te canto Cansada por el cruel llanto Vuelvo al hogar que de niña Me vió crecer en tus campos.
Hoy voy mi tumba a adornar Con lirios, con amapolas Con claveles, rosas rojas Con azucenas, con mar.
Sé que allí no estaré sola Tu césped podré palpar En la mañana preciosa En mi jardín tropical.
Ya para siempre me quedo Sembrada en tu corazón Creciendo mil crisantemos Adornando mi panteón.
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La carreta de Pellin Miguelo
Una tarde caminaba Yo por el barrio Jaguas, y me tope con algo que para mi fue sensacional, si lo comparamos con esta vida moderna, podriamos decir que es algo asi como " El Gwazi" en un parque de diversiones en Florida. Pero pa un jibarito como Yo, que no sabia nada de esas cuestiones, ver dos bueyes tipo Josco, tirando de una carreta de madera, llena de viandas y tomates, subiendo la jalda, y con la mitad de tus amigos de infancia enganchados en ella, fue como estar en el pais de las maravillas. Recuerdo que me invitaron a montarme en la Carreta que don Pellin iba conduciendo, no tenia volante, solo una puya, tan larga como un taco de billar, y dos sogas amarras al pescuezo de cada uno de los bueyes. Me enganche en la carreta, y la trilla duro como unos cinco minutos. Don Pellin le empezo a gritar a los bueyes para que pararan, y los bueyes seguian tirando de la carreta. Todo el mundo comenzo a gritar, las viandas comenzaron a salirse de la rustica carreta, Don Pellin tiro de una palanca que hacia de "parkingbrake" para una de las ruedas de la carreta. La otra rueda seguia girando, y maxime con los bueyes que seguian tirando, y las viandas y los tomates saltando. Don Pellin, como capitan de aquel navio, dio instrucciones de que teniamos que saltar. Yo fui el ultimo que salto, antes de que una de las ruedas de la carreta, deciediera desprenderse. Afortunadamente no hubo desgracias que lamentar. Y hoy frente a la casa que era de Pellin, hay una rueda de carreta, enterrada en un monton de yerba y matojo; mudo testigo de lo que en un tiempo fue La Carreta de bueyes de Pellin.
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Lamento del jíbaro pelao El Poeta del puente
Yo tengo una pelambrera que me duele hasta el fondillo, ya no siento en el bolsillo el peso de la cartera. es tan grande mi flojera por la falta de dinero que salir ya no me atrevo para que nadie me pida pues sin moneda la vida es como un nido sin huevo...
Dice el jíbaro de altura que para uno estar pelao y encontrarse tan chavao con fiebres y calenturas debido a la pelaúra no necesita moneda, que se arregle como pueda para aliviar su dolencia; estar pelao... y con decencia es peor que un dolor de muelas.
Pa' ganarme unos pesitos no encuentro ni una chiripa; tengo vacías las tripas, no me fían ni un quesito ni me prestan un poquito de dinero pa' gastar; de esta voy a fracasar, ya me llama el cementerio, lo que me pasa es muy serio... ¿Quién me podría ayudar?
Me suspendieron el agua, y me cortaron la luz, me encuentro flaco y pelú durmiendo sobre una yagua; ya me parezco un paraguas con las varillas por fuera; si sigue esta pelambrera tendré que irme a la ciudad a vivir de caridad pidiendo en alguna acera...
Yo no sé qué voy a hacer si sigue esta pelambrera, quizás alguna enfermera me quite este padecer. No siento ningún placer, parezco un paria sin rumbo y camino dando tumbos como un borracho eslambao, voy caminando de lao... ¡Si encuentro un risco me zumbo!
Pa' completar mi tortura la mujer me abandonó, el perro se me marchó perdiéndose por la altura. Aunque sea una locura yo me sigo lamentando porque me estoy cuenta dando lo poco que vale el pobre, aunque vergüenza le sobre, sin plata no vale tanto.
Voy a dirme pa' Niuyol si alguien me presta el pasaje; quizás después de ese viaje me vaya mucho mejor, o quizás hasta peor en aquella ciudá' fría; metío en la factoría olvidaré mis penuras, y cuando vuelva a la altura... ¡Que la plata me sonría! |

Anidé mi cuerpo ardiente y desnudo, sobre tu arena mojada, mientras el cálido sol caribeño, envidioso acariciaba mi espalda. Las traviesas olas del mar, celosas jugaban en la bruma, y una suave brisa tropical, refrescaba mi cálida alma.
Otros días Ande tus caminos, subí tus colinas, besé cada curva de tu cuerpo. En tu vientre henchido, sentí tu pasión y tu fuego, y también bebí tus lagrimas. Aprendí a amarte en cuerpo y alma mientras tu, bella doncella antillana no decías nada.
Tantas veces desperté en tu regazo, bajo un cielo puro de estrellas, mientras los coquíes, y uno que otro múcaro amanecido, nos cantaban serenatas. Y mi amor por ti se acrecentaba.
Supe de muchos otros, que también te amaron, y de los muchos otros que solo abusaron, tu cándida belleza. Aún así te amé, sin importar que tantos infieles, cantaran a tu amor y a tu belleza.
Ahora en la distancia, en un continente lejano, extraño las cálidas noches, bajos tus traviesas palmeras, donde por primera vez nos amamos. Borinquen, Isla hermosa, ¡Cómo té extraño!
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Por mi orgullo Dennis Estrada
Vengo a confesarte amada mía, de mi ignominiosa traición, a tu verde amor, y a tu hidalga raza. ¡Por mi orgullo, por mi maldito orgullo!
Después de morder tanto tus pechos, y de hacerme hombro sobre tu cuerpo, me separé de tus caminos. Abracé extraños regazos, y aunque sufrí los latigazos, de tu dolor en la distancia, me negué a retornar. ¡Por mi orgullo, por mi maldito orgullo!
Isla bella, de las quebradas sagradas, y las verdes palmeras, siento la vergüenza, del abandono que te causé. Nunca dijiste nada, y pacientemente callabas, pero sé que sufriste por mí. ¡Por mi orgullo, por mi maldito orgullo!
Ahora años después, cubierto mi sien de nieves extrañas, y mi lengua de palabras foráneas, extraño el calor de tu ser, y deseo devolver, mi anciano cuerpo, a tu suave regazo, pero no me atrevo, no merezco tu perdón. ¡Por mi orgullo, por mi maldito orgullo!
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Como el río y la guajana Dennis Estrada
Sé que no soy un gran pensador, ni filósofo perfecto, pero hoy he descubierto que en nuestro amor, yo soy como el río que atraviesa el cañaveral y tú eres la guajana.
Yo voy hacia ti, me acerco, te envuelvo. Soy agresivo, abro surcos y caminos. Soy caprichoso y cuando estoy crecido, empujo con fuerza. ¡Mi creciente es terrible!
Tú al contrario eres dulce, pues provienes de la caña. Eres delicada, alta y ligera. Bailas con la silenciosa música del viento y tu pelo claro sabe acariciar. Te abres hacia el sol y cuando estas lista, floreces. Tu verdor y tu frescura hace sonreír.. Tus besos son dulces y dejan una sensación que perdura en los labios, en la garganta y en mi turbia alma.
Yo soy como el río y tú eres una guajana Yo me acerco al cañaveral, agresivo, altanero y ruidoso. Sin piedad arrastro otras guajanas que caen en mis aguas. Sin embargo, humildemente me acerco a tus pies y con mi mojada lengua acaricio tus raíces, las alimento y penetro en tu ser. Todos los días regreso a ti, y a la misma vez me alejo. ¡Que ironía! Mientras tu, en tu verde y muda esperanza, esperas por mí.
Yo soy como el río y tú eres una guajana
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Caballo de caserío Dennis Estrada
Con ojos desenfrenados boca enjabonada y cola mutilada siempre por las noches cabalgas a galope por los escondidos caminos de mi viejo caserío.
Arreado y fustigado galopas bajo la luna sin mañana y sin silla sin pensar que un día cuando el cansancio te rinda y no te puedas levantar serás pasto para los forasteros... leones y tigres extranjeros del zoológico de Mayagüez.
Caballo de caserío, ¡se te olvido tu patrio orgullo! Eres sumiso, manso cordero estampa de una cara de mi tierra. Amarrado con soga vieja mordizqueando solo yerba seca vives con llagas abiertas crin sucia y despeinada de cadillos y abrojos cundida igual que tu mente y alma.
Macilento y maloliente acompañado eternamente por moscas de apatia y pereza que ya ni siquiera sacudes te atormentan y recuerdan la miseria de haber nacido caballo de caserío y no de paso fino.
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En los campos de mi tierra. Tere Matthews
Al atardecer las ligeras nubecillas parecen flotar en la nada de los recuerdos. La gracia ondulante del viento se regodea de placer mientras que algunas nubes aterciopeladas bailotean al son del murmullo de la brisa. Se acerca la noche y dentro de poco las estrellas comenzarán a mirar desde lo lejos, tratando de encontrar huellas de la noche anterior. Pronto el atardecer se llevará los últimos rayos del día y la noche nos envolverá en sus brazos soñolientos, plasmando dulces ensueños. El crepúsculo lucirá como pentagrama de colores matizados de luz y sombras.
En lontananza se escuchan las aguas espumadas que juegan en la arena costeña dejando caracoles de tenues colores en la orilla, como prendas pagadas por el placer de las caricias recibidas. De momento comienzan a aparecer diminutos diamantes en el cielo, estrellas juguetonas que guiñan sus ojos al mundo, como coqueteando porque se saben bellas y majestuosas, difíciles de alcanzar.
Esta noche habrá luna llena, plenilunio total de pasiones veleidosas que contrastarán con la quietud de la noche.., opacando las estrellas que airosas tratarán de sobresalir, sin lograrlo. La luz de la luna arropará lentamente nuestra bella tierra de costa a costa, regalándole la piel dorada que la matizará de crepúsculo ardiente. Con la llegada de la señora luna llegará la hora de soñar, hora del descanso físico que nos preparará para un nuevo día que al amanecer se llevará consigo todo el sortilegio plenilunar, llevándose a su vez todos nuestros sueños. La luna llega tierna, hambrienta y tenaz en su empeño por abrazar tenuemente cada rincón de la Isla, dejándose resbalar por valles y montes, praderas y veredas, dibujando siluetas a su antojo. Esa es la luna que continuará su noche de ronda, deambulando hasta cansarse, hasta hacerse más chica sin realizar que en unas pocas horas tendrá que rendirse al astro sol en divino obsequio, o. ¿será acaso un acto de resignación o sumisión?
Será otra vez el momento cuando el pobre jibarito levante su pesada osamenta para comenzar otro nuevo día lleno de sueños campestres, sueños que muchas veces se hacen muy difíciles de lograr. Aún así él continuará su hacer en la campiña isleña.., también soñando con su amada jibarita, quien mientras él trabaja, lo espera en el bohío con sus tesoros de amores escondidos. Ella conoce muy bien la angustia de la espera pues el día se le hace largo, muy largo. Otro día concurrirá, otra noche llegará con los mismos dibujos crepusculares, los mismos sueños, los mismos coqueteos, hasta que de mañanita la vieja luna volverá a rendirse a los pies del majestuoso astro sol.
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Pictografia taina en una cueva |
El Noble Jibaro Puertorriqueno.. http://www.prboriken.com/ |
El último almú de café Dennis Estrada
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Se levantó la negra Mercedes con el canto del turpial y el murmullo de las otras trabajadoras que en la oscuridad del ranchón a tientas se vestían. Afuera estaba aún oscuro y el frió mañanero de febrero entumecía su frágil y desgastado organismo. Con el cuerpo protestando por los achaques, se vistió muy lentamente. ¡Que mucho le dolían los huesos! Tenía ya 69 años y solo el levantarse por la mañana era una faena en sí. Terminó de vestirse con su ropa negra y una vieja "suera" de lana y luego se colocó los viejas zapatos remendados que habían caminado con ella por tantos años.
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Se quedo inmóvil sentada en el catre pensando... o ya no podía pensar por el frió que le calaba los huesos. Hoy mas que nunca se sentía tan vieja y acabada. El marido que había tenido por cincuentaytres años había muerto un mes atrás. Nunca tuvo casa, pues vivían de arrimaos en esta hacienda de café en el barrio La Cuchilla de Maricao. Cuando no era época del café, con su marido talaban los arbustos, recogían chinas, guineos y plátanos. Para suplementar su escasa paga ella también bordaba pañuelos que luego vendía en el pueblo pero ahora con la nublaera que tenía en los ojos, ya casi no podía ver bien. Debido a la muerte de su marido, la pequena casucha que tenían se la habían quitado y entregado a otra familia que había llegado a la hacienda. Por eso Mercedes estaba viviendo ahora en el ranchón de los trabajadores temporeros que venían solo para la recogida del café. Ella no tenia hijos a donde ir ni familia inmediata pues ya todos habían muerto. Duro golpe recibió ayer cuando el capataz de la finca le dijo en tono irrevocable, "despues del acabe de café, te me pintas pal carajo."
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Regresó de la letrina y se volvió a sentar en el camastro. Ahora estaban todos levantados y la luz de varios quinqués iluminaban la algarabía que ahora había en el ranchón. Hoy era el acabe, el último día de la cosecha del café. Muchos de los trabajadores despues de la fiesta de despedida que organizaba el patrón regresarían a sus casas con el dinero fruto de su trabajo. Solo los peones permanentes de la hacienda se quedaban a procesar el grano. A Doña Mercedes, con su ceguera y sus achaques lo único que le quedaba para ganarse unos centavos para vivir, era recoger café. Sin embargo, despues de hoy se preguntaba ella titiritando del frió ¿ qué ira a pasar conmigo? Ya no tendré techo y los pocos centavos que me pagan aquí solo son suficiente para el café y el pan de unas cuantas semanas. Las crueles palabras del capataz aún resonaban en su blanca cabecita "despues del acabe de café, te me pintas pal carajo" -Tenga Doña Mercedes, aquí tiene un buche de café pa que se caliente la barriga,- le ofreció un alma bondadosa. Socorro puso en las huesudas manos una dita de café puya y un pedazo de pan sobao. Doña Mercedes tratando de enfocar los ojos en la penumbra la miro y le contestó, - Gracia mija, tengo tanto frió que ejtoy entumecía y no me pueo movel. - Que le aproveche, le dijo Socorro con una gran sonrisa. -Yo estoy tan emocioná que ni frió tengo. Despues del acabe, me regreso a mi casa y con el dinerito, voy a jacel una compra bien grande y dispue compral tela pa jacele el traje de la primera comunión a mi nena, ¡con velo y tó! Igualito como un traje de bodas, ¿que le parece Doña Mercedes? Ambas se rieron por la ocurrencia. Socorro le pregunto, -Y usté Doña Mercedes que va a jacel dispué del acabe. Encogiéndose de hombros, mirando hacia el fondo de la dita con café la anciana respondió, -No sé mija, no sé. Ya sabes que mi marío se murió el mes pasao y me han botao del ranchito.- Sentandose en el catre a su lado, con mucha pena Socorro le dijo, - Me da mucha pena Doña Mercedes. Yo me la llevaria a uste pa mi casa, pero ya allí somos 12 en la casita y aun tengo a mis abuelos. ¿Esta segura que no tiene ma familia a donde il? Doña Mercedes bajo la cabeza y con un lago suspiro respondió, -No mija... Socorro le puso una mano cariñosa sobre el hombro cuando en eso llega una de sus hijas y la haló por el traje y le dijo- Mama quiero ir a hacer pipi- y disculpándose Socorro dejó a Doña Mercedes sola. Las voces del ranchón se fueron alejando mientras los trabajadores se dirigían al monte. Con la lentitud que la caracterizaba, rumiaba el pedazo de pan mojado de café con sus encías carente de dientes. El café negro y caliente ya estaba haciendo su magia y poco a poco le calentaba las tripas. En eso llego el capataz y golpeando la puerta de zinc del ranchón grito adentro, -¡A trabajar coño, que se acaba el día! Dándose el ultimo trago, salió Doña Mercedes del ranchón mientras el capataz la increpaba con esos ojos que en la oscuridad de la mañana parecían refulgir como fuego. Se le acerco a varias pulgadas de la cara y le dijo, -Acuéldate lo que te dije ayel negra, despues de hoy recoge tus cosas. Ya tu no produces y aquí no me silves pa ná. Ya sabes pa donde te vas a dil dispue del acabe. Bajando la cabeza humildemente Doña Mercedes le contestó, -Si patrón, ya lo se, pal carajo... Satisfecho con la respuesta, el capataz se marcho gritando ordenes y Mercedes recogió uno de los almúes de paja del suelo. Siguiendo la caravana humana que se adentraba en el oscuro cafetal, entre grillos, cucubanos y el rocío de la mañana comenzó la faena.
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Con mucho cuidado enfilaba sus débiles pasos, pues este cafetal estaba lleno de muchas barrancas. Mas de una persona se había escocotao al resbalar y caer. La oscuridad de la mañana y la tierra mojada eran una mala combinación. Siguiendo un corillo de mujeres que estaban contando los últimos chismes, se adentro en los arbustos y sin querer escucho la siguiente conversación. -Pues si, Dorotea... me dijo Nuncia anoche que el capataz la cogió ayer... -¡Otra mas que cae con el desgraciao ese! -Si mija así es. Le dijo que si no lo jacía, la botaba y nunca mas iba a coger café en la hacienda. Ya tu saes, ella tiene cuatro niños y el marío esta por Mayagüez bregando con la caña. La pobre no tiene quien la defienda. |


-Ese desgraciao to lo que hace es velar las señoritas que llegan a trabajar, las coge cuando están solas y las pisa como si fuera un gallo. Despues les promete villas y castilla o laj amenaza con botarlas, ¡el muy canalla! - ¡Ojalá un día se caiga del caballo ese y se esnuque!, Dijo Dorotea. - ¡Santo Dios!, dijo la otra escandalizada.- ¡Eso no se dice! - No me importa, tipos así no merecen vivir.
Mercedes misma se acordó de cuando vino por primera vez a la hacienda. Tenia 14 años y venia del barrio Bucarabones a coger café. Era joven y hermosa y un día mientras estaba cogiendo café, vino el patrón en su caballo y le dijo que la siguiera. Ella obediente lo siguió. A pocos metros del cafetal, bajo un árbol de mameyes y sobre un saco de tela dejo de ser señorita. - ¡Que vida de mielda! musito Doña Mercedes entre sus cansadas encías. Las otras mujeres callaron y respetuosamente le preguntaron, - ¿Que dijo Doña Mercedes? - Que la vida de la mujel e una mielda. Mientra una sea joven y bonita y pue trabajal, vales algo. Pero dispue que pasan los años, las biejas como yo, no valemos na y si no tenemos un hombre valemos menos. ¡Que vida mielda! Las otras mujeres no sabiendo que contestar a esta cruel verdad, disimuladamente se marcharon dejando a la negra sola con sus pensamientos. |


Ya el sol estaba saliendo y quedaba alguno que otro coquí trasnochado. Ahora los zorzales y los gallos en la distancia estaban reclamando el día para ellos. Con la llegada de la luz del sol, Doña Mercedes podía ver mejor y se dio cuenta que ya casi no quedaban granos en este lado del cafetal. Los arbustos estaban vacíos, solo alguno que otro grano quedaba, lo ultimo de la cosecha. |

Una hora después, ni siquiera tenia un puñado de ellos. Siguió caminado y comenzó a alejarse del grupo del resto de las personas. Por los años que llevaba viviendo en esta hacienda se acordó de la barranca grande. Por lo escabroso y peligroso del terreno nadie le gustaba ir a esa área y por eso allí siempre se encontraban arbustos con bastante café. Por pura necesidad se decidió ir a los cafetos de la barranca grande. El salario del recogedor de café era proporcional a la cantidad de café que recogiera, Mientras más café se recoge, mas dinero se puede ganar. Cada persona carga una cesta de paja redonda llamada almú que se cuelga alrededor del cuello y deja las manos libres para la recogida. Llena puede fácilmente pesar entre 20 a 25 libras y es la unidad básica de medida del café, así que cada peón era pagado por los almúes de café recogido. En esta época se estaba pagando a 10 centavos el almú. Ya eran las diez de la mañana y Doña Mercedes no tenia ni medio almú recogido. Las palabras del capataz sonaban como latigazos sobre su frágil cuerpo "despues de hoy te pintas pal carajo..." Desesperada por su lentitud, su torpeza y sus achaques, se acerco mas a la barranca Allí noto que había varios arbustos a los que nadie había tocado y estaban llenos de los rojos granos que le aseguraban por lo menos llenar dos almúes. Cautelosamente se acerco al peligroso risco con los zapatos enfangados y las piernas temblorosas. Miraba hacia abajo y casi no podía ver el fondo del barranco. Una caída de desde aquí seria una muerte segura. Comenzó a recoger el café. Los granos estaban rojos, gordos y llenos de la pulpa dulce y transparente que ella tan bien conocía. Golosamente, se echo un grano a la boca. Con las encías le quito la cáscara y la escupió al suelo dejando en su boca el grano cubierto de la dulce pulpa y comenzó a disfrutarla. Mercedes trabajaba con la experiencia de tantos años, cuidando de no revolcar el arbusto y cucar el gran panal de avispas que allí se encontraba y que había evitado que otras personas recogieran el grano de este arbusto. Con sus frágiles manitas, iba recogiendo los granos y mecánicamente los echaba en la cesta aunque muy lentamente.
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Así pasaron las horas mientras el almú se llenaba y se hacia cada vez mas pesado, lastimándole la vieja y encorvada espalda. Ya era casi el mediodía. El dolor de los huesos se acrecentaba y se le hacia insoportable. Quería sentarse, pero no quería ensuciarse la falda sobre el fango aun mojado. Con el peso del café, la correa del almú le estaba cortando el cuello. Pero ella continuaba pues sabia que sin café, no habría dinero, sin dinero no habría comida y ahora tampoco tendría casa.
¡Casa!, pensó otra vez. Que daría yo por que mi marío estuviera conmigo, como cuando éramos jóvenes y bailábamos mazurcas en el soberao. Cuando íbamos a los rosarios cantaos hasta que amanecía y a veces por las tardes, cuando venia del monte Goyo me traía una flor de gardenia. Con una débil sonrisa se acordó de las fiestas patronales donde se vestía con su mejor ropita y ambos bajaban de La Cuchilla a escuchar música en la plaza, los dos cogidos de la mano como dos novios. Ya habían aceptado que no tendrían hijos y aunque eso la martirizaba a veces, no le impedía que fuera feliz con su marido y su pobreza. "Despues del acabe de café, te me pintas pal carajo" interrumpió sus pensamientos las palabras del capataz. Con terror se dio cuenta que aun no había llenado el almú completamente. Desesperada por su lentitud, se le enredo la suera en una rama y el movimiento brusco provocó a las avispas que prontamente se abalanzaron sobre ella y la picaron. - ¡Me cago en la perra!- gritó en vos alta mientras se sacudía las avispas que tan tenazmente la picaban en los sitios descubiertos -esto es lo ultimo que me faltaba- decía mientras se rascaba la huesuda cara y sus manos que rápidamente, comenzaron a hincharse. Enormes lagrimones salieron de sus nublado ojos que resbalaron por su esquelética cara. -¡Que mielda...! Empezó a sobarse la mano y el dolor de las múltiples las picadas le recordaron tantas cosas. Le recordó el robo de su inocencia por el patrón, la crueldad del capataz, la saña de las avispas que pican sin misericordia, de su pobreza, su soledad, del mañana sin futuro que le esperaba. Luego se acordó de lo que le dijeron cuando pequeña en el catecismo. Que allá en cielo, en el mas allá, no había dolamas, todos eran jóvenes y los seres amados se encontraban otra vez. Una nueva vida. Pero otra vez, las palabras del capataz resonaron nuevamente en su memoria, "despues del acabe de café, te me pintas pal carajo" Trabajosamente, sin importarle ya las avispas que zumbabn por su cara se quito el almú del cuello y lo colocó en el suelo al filo de la barranca. Se quito también los zapatos remendados, pues ya no los necesitaría más. Mirando hacia el fondo del barranco, se persignó y con un pequeño salto, se fue a buscar una nueva vida...
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DONCELLA ANTILLANA por DENNIS ESTRADA |






"A" Penny Banks La mujer avanzaba. Ya pronto caería la noche, la total oscuridad. Estaba tan cansada. Había caminado mucho y pocas veces por un camino liso y fácil. Casi todo el sendero era subiendo montes por caminos serpenteados o caminando en línea recta pero pisando piedrecitas o de lleno, en pedregales. Ya sus zapatos no daban para más. Estaban llenos de hoyos y ya las hojas que había puesto sobre los mismos no le acojinaban los pies. Siguió caminando buscando refugio y tratando de vencer la llegada de la tan temida oscuridad. Su peregrinaje había estado lleno de escollos, caídas, golpes de mala suerte y hasta violencia, y sabía que cada día se hacía más difícil ganarle la partida a la segura venida de la noche. Cada vez que creía que las cosas marchaban mejor, algo imprevisto le salía al paso y la tumbaba nuevamente. Y no podía zafarse del animal salvaje que la perseguía, asustándola a cada vuelta o interponiéndose en su camino para hacerla caer y abalanzarse sobre ella sin impunidad. Pero ella tenía que seguir pues sus seres queridos la esperaban. Buscaba un nuevo rumbo para su vida, algo que le devolviera la ilusión, la esperanza que aunque no muerta del todo ya casi no tenía. Toda ella temblaba mientras veía cómo el sol desaparecía sobre el horizonte. Estaba tan cansada. Se sentó sobre una roca que acababa de divisar a unos metros del camino. Dios mío, pensó, no dejes que me envuelva por completo toda esta oscuridad. No hacía frío pero ella sentía que se helaba y eso la hacía titiritar. Casi no veía nada de sus alrededores; la noche la había atrapado finalmente sin un lugar para albergarse. Empezó a llorar, sintiéndose vencida y sola. Tanto caminar, tanto sacrificio y total, ¿para qué? para ser tragada por la noche. Elevó su cara al cielo sin luna para gritarle a Dios su abandono cuando vio con el rabo del ojo un brillante centellear a lo lejos. Pensó que estaba halucinando, ya que el paraje donde se encontraba era uno solitario y lejos de toda vida humana. Sin embargo, vio como las lucecitas avanzaban hacia ella. Se quedó quietecita para asegurase de que lo que veía era real y no su imaginación. Las luces seguían acercándose y al estar como a cincuenta pies de donde la mujer se encontraba, se quedaron suspendidas en el aire como esperando que la mujer les hablara. La mujer estaba sumamente confundida pues no tenía idea de qué podían ser esas luces. Pensó en luciérnagas pero enseguida lo descartó pues las luciérnagas no se detenían en formación como estas luces. Eran como quince lucecitas que formaban una especie de "A" y había seis que brillaban más que las otras; eran las de los puntales y el centro de la letra y daba la impresión de que eran las "líderes". Cuando éstas brillaban intensamente, las otras imitaban el resplandor. La mujer estaba segura de que trataban de comunicarse con ella. Debo estar volviéndome locay que luces hablándome. Un terrible rugido sonó como alarma en la noche. La mujer supo enseguida que era el animal que la asechaba. Se levantó dispuesta a defenderse nuevamente. Allí estaba, en toda su fealdad y maldad. Esta vez, se mostraba tal y como era. Ya no tenía necesidad de engañarla asumiendo la identidad de un gatito o un corderito. Ella lo conocía, podía reconocer su presencia aunque asumiera otra identidad; su alma era negra y corrupta y la mujer había aprendido a identificarlo. Fue acercándose lentamente hacia ella, llenando de putrefacción todo el lugar. La mujer hizo la señal de la cruz y se preparó mentalmente para enfrentarlo. De momento, las luces se salieron de su formación y se dirigieron en forma de flecha hacia el animal. Ahora brillaban tanto que parecía de día. Se arremolinaron encima de él cubriéndolo de una luz tan intensa que la mujer tuvo que volver la cabeza hacia el lado. El animal dio un grito de terror tan espeluznante que hasta los pájaros salieron volando asustados. Las luces lo seguían mientras corría despavorido hacia una de sus cuevas ocultas, furioso por la ayuda que las lucecitas le brindaban a la mujer. Ella presenciaba todo sin casi dar crédito a lo que veía. Era tan inverosímil, tan increíble lo que le estaba pasando. Veía la mano de ese Dios con el que pelebaba tanto, allí con ella. Las lucecitas regresaron donde ella estaba y la convidaban a que las siguiera. Ya no podía negarlo, las luces estaban vivas con una inteligencia que no comprendía pero que tenía que aceptar. Fue a recoger su mochilla cuando vio unos zapatos nuevos al pie de la roca. Los miró desconcertada, ¿y de dónde salió esto? se preguntó. No tuvo tiempo de pensarlo mucho pues sentía que las luces la estaban ajorando. Se las puso y por primera vez en mucho tiempo, pudo caminar cómodamente sin lastimarse los pies. No sabía de qué estaban hechas pero eran tan suaves y mullidas que la mujer sonrió y dio gracias a quien fuera que se las había puesto allí. Algo le decía que las luces eran las responsables pero cuando fue a dar las gracias, las luces ya iban tan adelantadas que tuvo que apretar el paso para alcanzarlas. Caminó detrás de la luces que le alumbraban el camino hasta que vio a lo lejos el tenue resplandor del pueblo. No podía creer que ya había llegado. No parecía posible haber avanzado tanto en tan poco tiempo. Pero allí estaba su comarca. Enseguida se dio cuenta de que las luces ya no estaban con ella. Se giró hacia todos lados y no las vio. Comprendió que ya no eran necesarias para darle luz pues ya se encontraba a la entrada de su pequeña villa. Sin embargo, se sentía triste pues no había podido despedirse de ellas. En ese momento, oyó las voces de sus seres queridos quienes la habían visto por una de las ventanas y salían a recibirla. Entre abrazos, besos y palabras de cariño, la mujer finalmente entró a su casa. Le iba a tomar días contarles todo lo que le había sucedido en su viaje pero ella no tenía prisa. Al otro día mientras preparaba desayuno para su familia, entró la ancianita vecina que había cuidado de su familia en su ausencia. La mujer le contó sobre las luces y la viejita le explicó lo que eran para ella. Le dijo que las luces eran la energía espiritual que emanaba de todos aquellos que la querían de verdad. Le explicó que aunque ella se creía sola, sus amigos y seres queridos la acompañaban con sus oraciones y buenos deseos y estos algunas veces eran tan fuertes que podían manifestarse físicamente como luces. Por lo menos, así lo creía la ancianita y la mujer sabía que era muy sabia. También le dijo que ese cariño era lo que la había protegido contra el animal salvaje y le había regalado unos zapatos nuevos. -Fíjate la formación que utilizaron- dijo la viejita- Dijiste que era en forma de "A", ¿verdad? -Sí- contestó la mujer. -Pues Amistad, Amor, Aliento, Abrazo, Apoyo y Ayudatodas comienzan con "a". ¿entiendes? La mujer sintió una gran paz cubrirla toda. La ancianita tenía razón, no importa si otros no lo creían. Pensó que también Alegría comenzaba con "a". Y eso era lo que sentía, provocada por las luces y todo lo que le habían regalado: zapatos nuevos, camino seguro y rápido, protección, hermandad. Las dos mujeres se interrumpieron al escuchar un ruido cerca de la puerta. La mujer fue a abrirla y ante ella apareció un precioso perrito de no más de dos meses de nacido. Los niños salieron al escuchar sus ladridos y fueron a cogerlo. También vio a su hija ir al encuentro; siempre había querido tener un perrito así. Ella trató de disuadirlos a todos pero no pudo pues el perrito brincaba de alegría y los niños lo abrazaban y besaban mientras que la hija ya lo había cogido en sus brazos. La mujer sabía que ese perrito no era lo que aparentaba. También sabía que la lucha que habría ahora contra él sería peor pues era muy bueno engañando y con los niños y su hija sería más fácil. Sintió que el corazón se le iba a los pies. Miró a la ancianita y se dio cuenta de que ella la miraba intensamente. -M'jita. No te preocupes, recuerda que siempre has sido una luchadora y que no estás sola. Además, es mejor tener al enemigo cerca. Y mira, asómate a la ventana. La mujer se acercó a la ventana y vio cerca de la cúpula de la pequeña iglesia del pueblo cómo las lucecitas danzaban y refulgían aún con la luz de la mañana. Nuevamente sintió una paz inmensa envolverla. Era verdad, no estaba sola. Levantó su mano en forma de saludo y se preguntó quiénes serían esos amigos que tanto apoyo le daban; ella era amiga de varias personas y seguramente eran ellos. Buscó con la mirada al perrito y sonrió al verlo debajo de la mesa, acobardado al él también ver las lucecitas. No iba a ser fácil la lucha que le esperaba pero se sentía fuerte de alma y espíritu. Volvió a mirar por la ventana y sintió las lágrimas asomarse a sus ojos; estaban otra vez en formación de "A". Amistad, Amor, Aliento, Abrazo, Apoyo y Ayuda. Sintió una Alegría inmensa invadir su corazón y su alma y en silencio, con una enorme gratitud, dio las gracias. |



Amor escondido María T. Matthews
Romance dulce el de aquella mirada Sublime cariño que no dice nada. Soportando el tiempo cuando ve a su amada Soñando con ella, sin decir palabra.
Estoico y hondo cariño de aquél que no dice nada Tan sólo lo manifiesta con una sola mirada. Sólo con una mirada, romance dulce de ayer Me mira sin decir nada, causándome gran placer.
Soñar con esa dulzura, verla en un atardecer Sería infinita ventura quedarme con su querer. Le robó belleza al sol, a la luna y las estrellas Escribe versos de amor., tiene una mirada bella.
Es el amor escondido el que nos da más placer Aún sin ser correspondido es como un amanecer. Ver el alba con sus galas, oir rimas del ayer De aquel amor escondido que nos hace estremecer.
Es ese un amor intenso, el que jamás es sabido El que con cariño eterno en los cielos se ha perdido.
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No te olvidez de visitar anuestros amigos |
Espero que hayan disfrutado de esta edicion. Los esperamos el mes entrante... Recomiende www.escritorespuertorriquenos.org a sus amigos y familiares |
Servicio profesional de ediccion y redaccion en ingles y espanol |
Mis dedos golpean las palabras Salto el viento para llegar donde fui Un quejido descontrolado me frena Pero no hay verso que me aleje de ti
Yo quiero ser poeta Poetisa o cuentista Me da igual Quiero decirte que estoy Que tengo tiempo para darte Que veo tus ojos que miran Siento tu mano que acaricia Escucho tu voz en silencio Deshojo tus miedos Vuelvo y te recuerdo Me voy y estás aquí
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Y desde Espana, nuestra querida amiga SONIA ALDAMA MUÑOZ |
ARCOIRIS
Dame un color intenso Un verde esperanzador O un azul marino Déjame caer bajo la luz del amarillo soleado Compadécete de la noche si el negro se vierte sobre mí Acúname cuando el blanco no me deje ver No olvides abrigarme cuando el gris me haga llorar. ¿Qué color es el añil? Un rojo anaranjado me recuerda que soy rebelde Si me das este arco iris, te regalo un ramito de violetas.
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Vaya Con El Curita Cuento por: César A. Quiones Santos Calladamente, muy calladamente, llegó Padre Emilio al barrio Palma Sola. El Sr.. Obispo lo envió a nuestro barrio de párroco en la nueva iglesia que habíamos inaugurado unos meses antes. Don Cosme, rico hacendado del barrio, le cedió en calidad de préstamo y libre de rentas el chalecito azul que pegaba a la iglesia. No era gran cosa el chalecito del cura. Sin embargo, tenía mucho de buena voluntad el hombre, o se las había visto peor en España el buen Padre Emilio; pues prontamente se acopló a su parca y modesta vivienda. Al poco tiempo le vimos subirse al techo, martillo en mano a coger las goteras. Poco después volvió a sorprender al vecindario cuando le vieron arando el conuquito que quedaba detrás de la iglesia. 'Lo sembró todo en plátanos, bananos y hortalizas. ¡Vaya con el curita", comentaron los hombres en el cafetín. "Es puro isleño", comentó abuelo. Adjudicándole de esa manera el más alto galardón que solo confería a los muy buenos o a los muy suyos. La llegada del Padre Emilio llenó de feligreses la pequeña iglesita de la altura. Hasta los hombres fueron. Muchos por curiosidad, otros porque los arrastraron madres y esposas. Por muchos domingos la cosa parecía que iba a marchar bien. Luego, poco a poco, tan calladamente como llegó el Padre así mismo fue creciendo el descontento. Todo comenzó con su sermón del 19 de marzo, día de San José. Habló el Padre por mucho rato sobre la festividad de San José Obrero. Entró en el campo de la dignidad del hombre, de la dignidad del obreros de los pobres, de los salarios justos y de la explotación del hombre por el hombre. Tronó el Padre Emilio. El alma se les revolvió por dentro de sus enclenques y fallidos cuerpos a los pobres del barrio. En los bancos del frente, cerca del sagrario, se revolvían inquietos los ricos hacendados de la comarca. "Vaya con el curita", se comentó luego en la gallera. "Parece que tiene cría" comentaron los humildes en las gradas. "Parece que nos han mandado un curita comunista", se comentó en los acojinados palcos que circunvalan la valla. El domingo por la tarde Don Cosme se olvidó de visitar al que ahora llamaba "el malagradecido del cura.» En mi casa los tíos comenzaron a hablar de Franco en España y de como el comunismo se infiltró en todos los ambientes provocando la guerra civil. En otras casas se habló del comunismo y la manera en que se iba infiltrando en la Iglesia. De como el comunismo iba creando un rencor entre clases. "Cuidado". "Sabe Dios" "No es de confiar". "Vamos a tener que velarlo". Mañana no me mandes los nenes al comunismo....digo al catecismo»", tronó el abuelo Bruno, "Malrayo parta el cura que ya ni se lo que digo." Los hombres de dinero, los dueños de fincas y hasta el tendero que tenía dos dependientes mal pagados, se sintieron molestos con el cura. Dejaron de visitarlo. Le rehuyeron el saludo. Lo fueron aislando con una indiferencia que es más dolorosa que la franca enemistad. Se quedó el cura con la sola amistad de los hombres pobres. Llegó el segundo domingo de mayo Día de Las Madres. La iglesita se llenó de fieles. Algunos hombres fueron movidos a orar por una santa madre fenecida. Otros fueron por complacer a una madre o una esposa. La mayoría de los asistentes eran mujeres que iban a cumplir con el precepto dominical y a cumplir con las festividades de la Reina de las Madres; la Virgen María. Padre Emilio estuvo sublime en su sermón. Comenzó por el sacrificio de la mujer esposa y madre, pasó al sacrificio de la maternidad de María, Madre de Todos. Habló de la belleza, de la bondad, del cariño, de la grandeza de la madre puertorriqueña. Pidió oración por el recuerdo de su santa y muy querida madre en España. Para finalizar habló un buen rato sobre la dignidad de la mujer. Mujer nido, mujer hogar, mujer regazo amoroso, mujer madre y consuelo de todos los hijos. Y por no perder la costumbre la emprendió un poco con los hombres, que hieren inmisericordemente la dignidad de la mujer, pretendiendo poseerla fuera de la bendición del matrimonio. Y llamó canallas, si...canallas, a los hombres que mantenían casa y corteja. El entusiasmo por el amor maternal, quizás el recuerdo de su queridísima madre en España, lo llevaron a ofrecer una fuerte diatriba contra el machismo y la explotación y abuso de la mujer por el hombre. Estuvo sublime a ratos. Dulce y amoroso a ratos. Y muy fuerte a ratos también. Al salir de misa, casi frente a la iglesia ya se oían los comentarios "vaya con el curita" "Lo oíste hablando de amor," "Oye parece que se las trae el mosquita-muerta". ¿Y como sabe tanto de cortejas?" "Eso es que se la pasa preguntándole a nuestras mujeres". "Si.... y poniéndoles ideas en la cabeza". "Vamos a tener que pararle el caballo" "Lo que es ml mujer no pisa más esa capilla" "Y yo no sé a que carajo vengo aquí cuando hace rato comenzó la jugada en la gallera". Unos a otros se fueron convenciendo de que el cura estaba vendido con las mujeres. El que más o el que menos había pisado su gallinita fuera del gallinero o había echado su canita al aire. Al defender a las mujeres el Padre Emilio había atacado al machismo; parte integral de la cultura del jíbaro puertorriqueño. Ya algunos veían escurrírsele de las manos a tal o cual hembrita a la que le habían puesto el ojo. El sentir de los hombres lo resumió el cojo Fidencio: "Al carajo con el cura, que ahora quiere caparnos." Y esta vez se retiraron los hombres todos. Las misas, los rosarios, los novenarios al atardecer, en fin todas las actividades de la iglesia fueron quedando vacías. El cura se quedó sin amigos. Las mujeres iban a misa pero siempre tenían prisa de regresar. En el hogar las esperaba un marido receloso de aquel cura buscabullas. En la Sociedad del Santo Nombre solo quedaron los viejos y los muchachos. Las reuniones de las Hijas de María se menguaron a la mitad; y luego a solo tres o cuatro chicas; las muchachas que iban a las reuniones solamente porque aquella era la única actividad social en el barrio. Además, entre el ir y venir aprovechaban para que algún pretendiente las acompañara en el camino. Así fue que el Padre se quedó solo. Como tantos sacerdotes más en otros tantos pueblos de la isla. A veces recibía la visita de alguna que otra vieja que iba a ordenar una misa de difuntos o a hacer los arreglos de una boda. Aquí y allá, de vez en cuando lo visitaba un hombre; siempre con prisa, siempre a lo imprescindible. Y con mucha frecuencia, quizás por no tener a mas nadie recibía la visita de sus dos mejores amigos; los monaguillos. Y aún entonces se provocaba el comentario, " Hum.. ¿Te has fijado en el curita .... solo anda pa'arriba y pa'bajo con los muchachos ¡No será que ... hum ... sabe Dios! Un día, un buen día, explotó la bomba. El chisme corrió por el vecindario. Los hombres pasaron a caballo por casa del cura. Las viejas recordaron pecados sin confesar con tal de ir a la casa parroquial. Todos querían verle la cara al cura. Pero el Padre no estaba en casa. La soledad lo había vencido. Se había ido a la ciudad a trabajar de maestro en una escuela. Con él se llevó a Soledad, la hija de Don Cosme; la mejor hembra del barrio Palma Sola. En su sillón de mimbre en el balcón de su casa se mecía Don Cosme. Entre furibundo y satisfecho mascullaba continuamente, "Vaya con el curita, vaya con el Padre Emilio". "¡Que cosas tiene el Señor!" "¡Quién se lo hubiera imaginado!" "Resultó de cría el hombre y me tuvo que tocar de yerno." "Vaya con el curita" |




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