SOBRE NUESTROS AUTORES
Annette G. Falcon pertenece a nuestro grupo, aunque muy poco participa ya que su tiempo es muy limitado debido a sus deberes y responsabilidades. Ella me ha encomendado que les presente su breve reseña junto a un relato que escribió recientemente. Al recibir su relato, comenzé a leerlo inmediatamente. Según lo leía me causaba alborozo. Es un relato contagioso; me contagió con su alegría, con su entusiasmo, con el significado de sus palabras al decir, refiriéndose a las estrellitas.....
"Las tiraba con júbilo, como si estuviera celebrando un gran evento - como si despojara todos los males de mi vida. Hasta las dejé caer por mi cara y mi pelo. Se me metieron por la blusa y los zapatos - parecía una demente".
Este segmento me puso a pensar. La vida es muy corta y a veces puede ser muy triste. ¡No la celebramos lo suficiente! Hemos perdido el júbilo de vivir, de experimentar un día detrás de otro. Hemos perdido el sentido de la esperanza, esperanza en lo que traerá el mañana. Su relato me ha impulsado a sentirme así de jubilosa esta noche, queriendo tirar al aire miles, no, millones de estrellitas de todos colores y celebrar mi propia vida, mis experiencias, celebrar mis momentos de felicidad compartidos con los seres más queridos, dando de esa manera gracias a la vida por ser tan dadivosa conmigo. Gracias amiga, necesitaba un estímulo así. El tuyo ha llegado en el momento preciso, cuando más lo necesitaba. Me siento despojada de la tristeza pues sé que mañana en la mañana, cuando abra mis ojos al nuevo día, comenzaré a ver miles de estrellitas por todos lados, pero las mías nadie las podrá ver, más que yo..... ¿Sabes por qué?.... Porque las regué dentro de mi corazón. Estaré Solita con mis estrellas, pero seré una persona diferente. Quizá, según pase el tiempo, encontraré alguna que otra estrellita perdida entre los recuerdos y estoy segura de que eso dibujará una amplia sonrisa en mis labios, trayendo gozo a mi corazón nuevamente. Gracias, Annette, me honras con tu amistad.... Eres tremendo ser humano, fiel puertorriqueña y gran escritora; más que amiga, una hermana. Te auguro muchos más éxitos en el futuro.
Tere Biografía
Annette G. Falcón nació en el 1962 y es oriunda de Mayagüez, Puerto Rico. Comenzó sus estudios en La Universidad Interamericana de Puerto Rico. En el 1990 se mudó a California, donde se graduó de The National Hispanic University, en San José. Ha sido educadora por doce años y su más reciente libro, "Lahj Míahj" saldrá dentro de dos meses.
Al momento, la autora vive con sus tres hijos en San José, California. Cursa estudios graduados mientras enseña y escribe. Planea mudarse de nuevo a su amado Puerto Rico cuando se jubile.
"Solita con las estrellas" Annette G. Falcon
Hay un cuento de Magali García Ramis que siempre me ha encantado. Se lo había leído a mis amistades y les había gustado mucho pero, nunca lo había discutido en mi salón con mis estudiantes. "Solita con las estrellas" me inspiraba a crear un "lesson plan" único, donde los estudiantes experimentaran una esencia del escrito y tuvieran un recuerdo bonito de un cuento agridulce de amor.
El cuento es sobre una mujer joven que deja ir a un amor que la amaba. La desilusión del hombre es tal que, luego del divorcio, le deja millares de estrellitas derramadas por toda la casa a su esposa para que NUNCA se olvidara de él. Cuando Ella regresa del trabajo y ve todas aquellas estrellitas por doquier, por poco le da un ataque; estaban metidas hasta en su ropa interior en el cajón; ni el closetcito de la marquesina se había salvado.
Luego de un intenso drama amoroso y de un corazón desilusionado (más el de Él que el de Ella) nos encontramos simpatizando con Él. Pero no es hasta que Ella envejece que comenzamos a ver la situación desde otra perspectiva, simpatizando así con la protagonista. Estaba segura de que un cuento así les gustaría a mis estudiantes, así como les había gustado anteriormente a mis colegas.
Así que, convencida de esto, comenzé a escribir mi plan de enseñanza. Ya el distrito me había aprobado la asignación para comprar los libros y me sobraría un poquito extra para otros materiales de enseñanza. Los ordené y me fui a comprar miles de estrellitas. Los empleados del Teachers School Supplies me miraban extrañados pero, no me preguntaban nada. Esto fue así con todos, excepto con uno de los clientes, un maestro de ciencias. Requete estaba seguro de que yo iba a hacer "tremendo experimento científico". Se sorprendió al saber que era para discutir un cuento en la clase de literatura. "Are you sure you're going to need that many?" me preguntaba incrédulo.
La tienda tenía muchas estrellitas de diferentes tamaños. Algunas eran grandes, otras medianas y otras pequeñas; rojas, verdes, azules, doradas, plateadas, rosadas, moradas, anaranjadas, negras, blancas, grises y multicolores. Cada cajita contenía cien estrellas y las diez docenas de cajitas que ordené casi tomaban el espacio completo del mostrador; hasta me ayudaron a meterlas al carro. Y por un loco segundo me pregunté si así de abrumado se sintió el protagonista al comprar todas las suyas.
El día tan esperado por mí llegó, tal y como me lo había imaginado y escrito. Solita me paré en el medio de mi salón y, como una loca, empezé a tirar las estrellitas por todos lados. Creaba una lluvia de estrellas a todo mi alrededor. Las tiraba con júbilo, como si estuviera celebrando un gran evento - como si despojara todos los males de mi vida. Hasta las dejé caer por mi cara y mi pelo. Se me metieron por la blusa y los zapatos - parecía una demente.
Las estrellitas cubrían todos los pupitres y sus asientos, mi escritorio y mi silla, el armario, los libreros y el piso. Se metieron en los diccionarios, en los libros de textos, en los libros de cuentos, sobre el proyector, la televisión y la computadora. Pegué muchas de ellas en las paredes con masking tape y me trepé en una escalera para colgar varias del techo. Había estrellas por todas partes.
Cuando miré el panorama de mi salón desde la escalera, me di cuenta de que ya había regado demasiadas. Aquello parecía un mar de estrellas de todos los colores y todos los tamaños; casi cubrían toda mi alfombra. Sabía que no podía regar más y sin embargo, ¡tantas que me quedaban todavía sin usar!
Quería estar segura de que, como en el cuento, una vez que se recogieran todas las estrellitas, siempre aparecería alguna en el lugar menos imaginado: ya fuera en el fondo de sus mochilas algún día, ya fuera al sacar una vieja libreta para hacer apuntes misceláneos. En algún lugar se filtraría alguna de ellas, en algún momento de sus vidas, para recordarle el cuento aquél, aquella vez.
Y al tocar el timbre empezaron a llegar mis estudiantes y al entrar por la puerta, les caía una lluvia de estrellitas. Descendían por todos lados, del mismo modo que le cae el arroz a los novios el día de sus bodas. La reacción de mis estudiantes fue una de alegría y gozo. Les caía en las mochilas, en las cabezas, en sus libros y dentro de su ropa. Ellos las agarraban por puñados y las tiraban alegremente hacia arriba, como si ellos también se despojaran de los males de sus vidas.
Fue algo digno de verse, estudiantes adultos de la high que parecían chamaquitos de la escuela superior regular. Las mujeres se reían, los hombres lo hacían a carcajadas. Algunas de las estudiantes más jóvenes se ponían estrellitas en los párpados, haciendo una algarabía propia de niñas pre-pubescentes. Hasta hubo quienes me tiraron algunas a mí. Lo que había allí era fiesta.
Llegó el momento de leer y todos (todos) mis alumnos se veían felices. Estaban atentos, llenos de vigor y anticipación. Cuando llegamos a la parte del cuento donde Ella encuentra las millares de estrellitas regadas por todas las partes de su casa - hasta dentro de sus gavetas y en la grama de su casa - mis estudiantes empezaron a agarrar puñados de estrellas, riéndose a carcajadas y tirándolas por todas partes. Se formó un diluvio tal de estrellas que hasta yo no paraba de reirme. Pero, pronto tuve que poner orden, no fuera a llegar el director y me mandara a mi casa por loca.
La clase terminó y muchos de los caballeros y algunas damas empezaron a decir cosas como:
--Muy corto el tiempo cuando se goza, Maestra. --Me quiero llevar estrellitas, ¿puedo? --¿Nos podemos quedar más tiempo? --No me quiero ir a mi casa, Miss Falcóóóón.
Dios mío, y ¿cómo iba a limpiar todo ese revolú de estrellas? Por suerte, varios estudiantes se quedaron a ayudarme. Nunca había gozado tanto limpiando. Lo que teníamos era un relajo . . . sacando estrellas de todas partes y metiéndolas en bolsas plásticas para usarlas el semestre entrante. Pero, mientras más recojíamos, más encontrábamos (igual que en el cuento) al punto que parecía que nunca terminaríamos. Nos pasamos casi una hora completa recogiendo, riéndonos, usando la aspiradora y soltando carcajadas; ¡qué mucho gozamos!
Esa tarde llegué contentísima a la casa. En mi mente veía las imágenes felices en los semblantes de mis estudiantes y me sentía satisfecha, me sentía feliz. Habían captado el cuento. Vivieron la esencia y la experiencia del texto y yo había logrado mi propósito como maestra; cómo me hubiera gustado que García Ramis hubiera estado allí para poder ver el triunfo de su cuento con mis estudiantes.
Luego de cenar, dialogar con mis hijos y descansar un poco, era tiempo de trabajar. Tenía que escribir mis planes de enseñanza, corregir papeles y leer textos para el próximo día. Agarré mi attaché, lo puse sobre mi escritorio y lo abrí. Saqué mi libreta de planes y, de ella, cayeron dos estrellas en la mesa. Las tomé y una sonrisa escapó de mi semblante. Por un instante, me percaté de que, tal como en el cuento, yo también estaba Solita con las estrellas.
Annette G. Falcón © Copyright 2003
CARTA A AQUELLA NIÑA QUE FUE, DE QUIEN ES HOY, UNA MUJER TERE MATTHEWS
Querida niña, dueña de tus sueños
Desde mi alma de mujer te escribo, rememorando tiempos lejanos. Mi querida niña inocente, dueña de tus sueños, aquella que sólo existe en el pasado pero que de vez en cuando retorna a mí a través de los recuerdos. Sí, recuerdos que al pasar del tiempo me han permitido proseguir el camino de la vida. En ti puedo confiar. Quisiera hablarte de tantas cosas, mas dudo mucho que puedas comprenderme, pues lo que siento son necesidades presentes, esas necesidades que tú no conociste entonces. No pretendo que me comprendas, tampoco te reprocho nada.
Creo que no me reconocerías hoy. Sí, soy tú, aquella niñita de ayer, convertida hoy en mujer, mujer que perdió su inocencia hace ya mucho tiempo. Esa mujer ha adquirido su experiencia a través de los años y las decepciones. Soy tú misma, pero más sofisticada, más experimentada, más sufrida. Ya no vivo de aquellos sueños infantiles pues sería imposible sobrevivir en el mundo de hoy, ese mundo que no conociste. Aún sueño, querida mía, pero mis sueños son ahora más complejos; creo que no los entenderías. ¡Cómo quisiera volver a ser tú!..., volver a ese pasado tan lleno de sueños tiernos, sueños que bajo la tutela de nuestro padre parecían infinitos. Sí, nuestro padre, ¡qué bien lo recuerdo!; aquel noble señor que nos dió tanto cariño, que puso tanto de su parte para que fuéramos felices. No puedo olvidar cuando la noche de mi boda me despidió en el aeropuerto, depositando en mi mejilla un beso noble y cariñoso. Pude notar sus ojos humedecidos por las lágrimas. Hoy reconozco que aquellas lágrimas fueron de tristeza al verme partir hacia mis propios horizontes, conociendo él muy bien que la vida me esperaba con los brazos abiertos, pero que también me esperaba para entregarme una dosis de dolor y amargura. Ya en aquel entonces él conocía de la vida. Yo era aún una niña inocente.
Aquella niña de entonces soñaba con el amor; aún sueña, pero los sueños de hoy son despojos de lo que un día fue. La mujer de hoy se abraza a la vida desesperadamente, con la esperanza de no perder lo que le queda de ella. Esta mujer de hoy quiere vivir intensamente, quiere sentir, pero siente miedo, un miedo aterrador de perder lo que más ansía..., el amor mismo; miedo de perderlo todo para siempre. Hoy esa mujer es la versión vacía de lo que fuiste tú, pues le hace falta el espíritu para continuar la vida que no logra retener. Esta mujer de hoy necesita realizarse, aunque creo que se le está haciendo algo tarde.
Recuerdo cuando vivías disfrutando tu presente, sin pensar en el mañana, sin temores ni preocupaciones. No creas, aún guardo gratos recuerdos de aquellos tiempos idos. Sí, mi niña querida, he vivido mucho y dentro de ese constante vivir también ha existido la constante búsqueda, la búsqueda del amor que me estimule a continuar viviendo. La vida que conociste fue bonita, hubiera sido bueno quedarse en ese tiempo, disfrutar por siempre las ilusiones, los sueños, la despreocupación. Cuando miro hacia atrás, revivo con deleite aquellos momentos tan especiales. Hoy vivo mis momentos con gratitud, la que siento por aún estar viva a pesar de los embates de la vida. ¿Sabes, querida niña? La vida no es lo que yo pensaba, lo que yo siempre soñé. Hoy desearía ser dueña de tus sueños, tu belleza y tu pureza. Hoy continúo mis pasos por el camino viejo y solitario de la vida, pero camino vacía, con unas ganas inmensas de vivir, pero también con unas ganas inmensas de llorar. Con tristeza te digo que algunos de tus sueños no se lograron y eso envejeció mi corazón prematuramente. ¿Sabes una cosa? Eras muy especial, coqueta, siempre brindando a todos tu mejor sonrisa. A todos complacías con tu indiferente inocencia. Tú eras pura, yo estoy adulterada. Eras desprendida, quizá hoy soy un poco egoísta. Sin embargo, me queda algo de ti..., tu mirada profunda, soñadora, enamorada de la vida, aunque esa mirada esté hoy algo marchita por el paso de los años.
Hoy escribo poesía... Sí, ya sé que siempre te gustó la poesía y soñaste muchas veces con ser aquella poetisa famosa o alguna cantante reconocida por todos. Me gusta mucho la música, como a ti. He cantado en ocasiones; a veces pienso cuán lejos hubiera llegado si hubiera cultivado ese arte. Si me pongo a pensar, creo que he logrado algunos de tus otros sueños. No he perdido el alma de soñadora. Tengo que confesarte que la mujer de hoy vive enamorada, sí, pero no es feliz. La vida misma le niega esa felicidad que tanto añora. Quizá me enamoré del hombre equivocado. Aún así, continúo soñando. Los sueños nos mantienen vivos, sin ellos no podemos vivir, ni tenemos nada por qué luchar; sin sueños, simplemente, se acaba la vida. "Los sueños son la vida del poeta".
Cuando te miro desde aquí, puedo observar que fuiste feliz, aún llevando aquella vida tan sencilla. Siempre fuiste madura, querida mía, aunque tus años eran tan pocos. Usabas mucho tu sentido común, pero no dejabas de soñar. Veías el amor en todos lados. Nunca te quejaste. Entonces..., ¿qué derecho tengo yo de quejarme ahora? No es justo que te incomode con mis temores, mis preocupaciones y mis pesares. ¿Podrías tú decirme, dulce imagen del pasado, cuándo terminará mi sufrimiento? Recuerdo que siempre tenías una respuesta para todo. ¿Qué puedo hacer hoy? Me siento perdida, perdida en este desierto de la vida, sola, caminando sin rumbo...... ¿Cuál es mi problema? ¡Cómo quisiera cambiar mi vida por la tuya, amada niña! Quiero ser feliz, tan feliz como lo fuiste tú entonces.... ¿Qué debo hacer? No sé si es mejor ser tú o, ser yo. ¡Dímelo! Muéstrame el camino...
Un abrazo, de mi alma a la tuya....
La mujer de hoy...
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